S&P prende la alerta: Pemex y CFE ya pesan sobre la nota de México

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S&P puso en perspectiva negativa a Pemex y CFE tras advertir que el apoyo federal a las energéticas puede presionar más las finanzas públicas.

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S&P Global Ratings puso a Pemex y a la CFE en zona de advertencia. La agencia cambió de estable a negativa la perspectiva crediticia de ambas empresas estatales, así como la de varias subsidiarias, después de aplicar el mismo ajuste a la nota soberana de México.

La calificación se mantiene en BBB, todavía dentro del grado de inversión. Pero el mensaje de fondo es incómodo: si México se deteriora, sus empresas energéticas pueden caer con él. Y si Pemex y CFE siguen demandando apoyo público, también pueden presionar más las cuentas nacionales.

S&P fue directa. Las perspectivas negativas reflejan la misma presión que enfrenta la calificación soberana. También anticipan una posible baja en los próximos 12 a 24 meses si la agencia toma una medida similar contra México.

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Pemex, el foco más delicado

El caso más sensible está en Pemex. La petrolera ha recibido cerca de 69 mil 800 millones de dólares en apoyo gubernamental entre 2019 y 2025. Aun así, su perfil crediticio individual permanece en CCC+, un nivel que exhibe la fragilidad de su estructura financiera.

Para S&P, el problema no se limita a los vencimientos de deuda. La empresa carga con débil liquidez, alto apalancamiento y resultados operativos que siguen sin corregirse. Por eso, la calificadora considera insostenible su estructura de capital si no existe respaldo constante del Gobierno federal.

En términos prácticos, Pemex depende cada vez más del presupuesto público para respirar. Si la petrolera no genera suficiente dinero para cubrir deuda y operación, Hacienda debe entrar al rescate. Y cada rescate reduce espacio para otras prioridades.

Ahí aparece el impacto para el ciudadano común. Menos margen fiscal puede significar menor capacidad para financiar infraestructura, salud, seguridad, inversión pública o programas sociales sin elevar deuda o recortar en otras áreas.

CFE también entra en la alerta

La CFE no enfrenta el mismo nivel de deterioro financiero que Pemex, pero tampoco queda fuera del tablero. S&P incluyó a la empresa eléctrica y a sus vehículos financieros porque su vínculo con el Gobierno federal también pesa en la evaluación del riesgo soberano.

La agencia observa un patrón: el apoyo continuo y sustancial a las empresas energéticas estatales puede endurecer el presupuesto mexicano. Es decir, cada vez hay menos flexibilidad para mover recursos cuando una parte relevante queda comprometida con obligaciones financieras.

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México conserva nota, pero pierde margen

El ajuste llega después de que S&P modificó la perspectiva de México por bajo crecimiento, déficits persistentes, mayor carga de intereses y riesgo de que la deuda pública aumente más de lo previsto.

La calificación soberana sigue en BBB, dos escalones por encima del grado especulativo. Sin embargo, el cambio de perspectiva funciona como una advertencia temprana para inversionistas, mercados y autoridades.

El punto central es fiscal. Si Pemex acumula pérdidas o enfrenta vencimientos que no puede cubrir, el Gobierno tendría que transferir más recursos. Eso ampliaría el déficit y elevaría la presión sobre la deuda pública.

Por ahora no hay una degradación inmediata. Pero S&P dejó una advertencia clara: Pemex y CFE ya no son solo un problema energético. También se han convertido en una carga potencial para la estabilidad financiera de México.

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